Navegando hacia la luz

Navegando hacia la luz. Retrato de Don Félix Joaquín Cárdenas. Óleo sobre tela 100 x 70 cm. 2009

Dónde va el alma humana, después de la muerte es el tema de este retrato.

En la fe y las creencias de las personas el destino es variado; el Cielo, el Paraíso, el Valhalla o cualquier otro fabuloso lugar diverso al cual vivimos.

La tradición cristiana nos apega al mundo real y profano, que por real tiende a ser limitado, finito, cuantificable, absolutamente dado e inalterable. Favorable a la materia y alejado de la sustancia de la existencia dónde generalmente la eternidad es sólo una palabra, una abstracción sin sentido.

En la tradición romántica y simbolista, a la cual se adscribe el “librepensamiento” que emerge del pensamiento hermético, el espíritu desencarnado navega hacia la eternidad acompañado del barquero. (Así lo representaría Arnold Böcklin en su obra La isla de los muertos)

Simbolista, onírico, fantástico o romántico; el retrato de Don  Félix Joaquín Cárdenas describe ese momento culminante de la existencia de cada ser humano, el tránsito entre la materia y un plano superior de existencia. Un instante en que se abandonan las dolorosas circunstancias del colapso de la materia y queda atrás la angustiosa espera de sus más cercanos.

El rostro luminoso y sereno, casi alegre, contrasta con el instante que recoge esta obra. Consciente y entregado a su destino que se asume con humildad y sin temor, parece alejarse de quien lo observa hacia la masa informe de una isla en el horizonte. Una isla desconocida que aparece a contraluz bajo un cielo que se abre después de una tormenta.

En la mitología Inca, el hombre se eleva hacia el “Hananpacha o mundo de arriba” como un cóndor solitario que vuela hacia las cumbres hasta el último suspiro de energía y así unir su espíritu al de la montaña.

La muerte ya no es el fin, es el eterno retorno. Recomenzar un camino trazado en la eternidad para volver al espíritu. A aquel espacio que hemos soñado, pero difícilmente veremos con estos ojos materiales.

El contraste lumínico en el retrato acentúa la figura de su protagonista, que se muestra en un gesto cotidiano, propio de su personalidad. Observando al espectador con una mirada aguda e inteligente, a la vez amable y acogedora. Su postura erecta y determinada apoyado en su bastón simboliza rectitud y honestidad frente a la vida.

La transparencia que se observa en parte de su cuerpo dejando ver el horizonte lejano define la existencia de dos planos, de abajo hacia arriba; la materia y el espíritu. Se conserva intacto el semblante, la mirada y la luz del rostro como una imagen imperecedera que quedó en la retina de aquellos que lo conocieron, lo amaron y lo acompañaron hasta que dejó este mundo.

Si bien no tuve la posibilidad de conocer a Don Félix Joaquín personalmente, solo tuvimos un breve intercambio de regalos y a través de referencias coincidíamos en ciertas visiones de la vida, pensamiento político y la admiración por personajes como Allende y Gaitán. El gusto por la buena música, el vino chileno y ciertamente y lo más importante; el más profundo amor por su hija Mónica María.

 

…Ante su silencio, su indiferencia y su despecho decidí pintar esta obra como una respuesta a tanta oscuridad y tristeza. Es el sino de quien se expresa a través del arte, porque este arte, más que un hacer, es un padecer y una magia que trasmuta lo negativo en positivo, la exclusión en generosidad, el silencio en voz y color. El dolor propio en un signo de amor… (M.Valderrama/Breviarios de la Musa)

 

 

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Comentarios

Miguel;

Hasta ayer nos dimos cuenta del oleo que le hizo a mi papá, por medio de un sobrino que se dio cuentas y nos llamo a todos. 

Un detalle muy lindo de su parte, nos emociono mucho y el escrito muy diciente describe muy bien a mi papá, es lo mas lindo ese homenaje que le hace a mi papá en ese oleo tan hermoso mil gracias Miguel me parece estar viendolo quedo tal cual era, su expresión esa sonrisa que lo caracteriza, todo eso quedo plasmado en esa obra tan maravillosa, fue algo que nos llego tan profundo que no  olvidaremos nunca, que mas puedo decirle Miguel,  muchas gracias que Dios lo bendiga.

un fuerte abrazo

betty

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